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Nosotros

Nuestro idioma es muy serio

Nosotros somos nos y somos otros

Y así sin salirnos del nos

Somos también otros es decir vosotros

No decimos no sentimos

Nosunos y vosotros

Sino nosotros

Y por lo tanto sois vosunos

Y ésta sí que es la inmensa mayoría

Hasta la totalía

Y ésta es mi fe y éste es mi compromiso.

                                              (Gerardo Diego)


*quiero regresar a mi blog YA

Adivina Quién

La señora D. sale a comprar flores. Se coloca una pañoleta sobre su rojizo cabello y porta unas gafas oscuras. No le dio tiempo de maquillarse. Toma las llaves, no olvida llevar su gabardina verde olivo. La cena es en la noche y no tendrá tiempo suficiente de preparar el asado a menos que salga a estas horas de la mañana. Baja las escaleras del edificio, un paso tras de otro. Cavila sobre la organización de invitados, ¿qué colores deberán tener las flores para que haya ese delicado equilibrio de jueves nocturno? Llega al zaguán, inserta la llave plateada, tres vueltas y ya está en la calle. Camina detrás de una pareja. Sus siluetas la llenan de curiosidad. Él, alto y de cabello castaño oscurísimo. Una mano rodeando la cintura de ella. Ella, esbelta y pequeña, rizos dorados cayendo por su abrigo. ¿Qué sueños tienen? ¿Cómo son cada mañana al despertar? ¿Prefieren el asado o un platillo francés? ¿Gustan de ir al cine los martes por la noche? ¿Vacacionan en la ribera francesa o se jactan de ser trotamundos?

Después de dos cuadras dan vuelta a la derecha, entran a un café y la pareja desconocida desaparece de la mente de la señora D., quien vuelca sus pensamientos de nuevo sobre la cena. Tiene frío, levanta un poco el cuello de su gabardina para protegerse del viento. Recuerda las caras de sus invitados, han pasado ya dieciséis años. ¿Qué tanto habrán cambiado? Le aterra pensar en un evento lleno de silencios y miradas nostálgicas. ¿Asistirán todos?

De los viejos tiempos había invitado a casi todos, el señor H. junto con su mujer, C. quien prometió llevar a su prometida, M, quien había sido su confidente y mejor amiga en esa época, incluso R. había confirmado. El grupo estaba casi completo. Pero la señora D. sabía que extenderle la invitación a P. era una aberración. Aquél que había cometido tanto crimen sin siquiera razonarlo. Un aroma a vino tinto y esos ojos que la volvieron loca por tantísimo tiempo. No, no, él no podría estar en la lista. Jamás. Ni en la lista, ni en coincidencias. Nada de accidentes del destino, P, la había dejado. Maestro en el olvido, se dio la vuelta y no volvió jamás a su lado. La señora D. intentaba no recordarlo, pero esta reunión le causaba todo lo contrario. El dolor no tiene memoria. Sonrió ante su atinada idea. Sí, el dolor no tiene memoria, reiteró para sus adentros y entró a la florería. Caminó entre irises, tulipanes y rosas de tallo largo. Había ya descartado margaritas, claveles, crisantemos y petunias. Se decidió por unos sobrios alcatraces y un ramo de astromelias para el jarrón del corredor. Se formó detrás de una mujer mayor, su cabello blanco y un olor a agua de rosas con comida para minino. ¿Vivirá sola? ¿Habrá encontrado el amor? ¿Tendrá nietos que vayan a visitarla de vez en cuando? ¿Qué la hizo optar por llevar esas amapolas tan costosas? El empleado le envolvió el pedido a la anciana y ésta salió por la puerta sin mirar atrás. La señora D. empezó a repasar todos los pendientes que le faltaban por llevar a cabo. Respiró profundamente para darse ánimos, el cajero le indicó la cantidad a pagar y cuando se disponía a sacar el dinero de su bolso, una voz criminal que conocía a la perfección le susurró por detrás: adivina quién.

Intertextualidad. Mi imposibilidad por dejar de erigir mi constructo, al cual suelo llamar "yo".

"Even the greatest love can last a week" - Mistery train

La primera frase que dijo Joe Strummer fue: "fuckin' bollocks". Intertextualidad, punk, The Clash, Sex Pistols, intertextualidad. A eso huelen los días lluviosos de Cineteca: a intertextualidad.
Una idea sobre otra, recuerdos traslapados, líneas narrativas que se tornan espiral, entretejiendo fragmentos de mi vida, así como de la vida de los otros. Sin cronología, una por una, las memorias iban apareciendo. Y pensé en todas las veces que fui al cine para no ver ninguna película.
La ocasión en la cual sólo me quedé en el estacionamiento, él y yo, besándonos.
Vicky Cristina y la irremediable pero necesaria identificación con caracteres.
Mickey! Mickey Larsson, I love you, I want to marry you! tarde de pom-poms, Yelle, stalkers y pláticas.
La firma con sangre de Tony Wilson para firmar a Joy Division.
Mantra, Suicidios Ejemplares, antonio porchia? La compilación de quotes, novelas potenciales y estallidos, todo dentro de la misma moleskine, incluyendo un gato-pony.
Los berrinches por ir al cine sola.
Una vez más, pero ahora caminaba junto a mi amante, invisible, pero con paso seguro. Tan presente que miré mi boleto para ver en qué sala me correspondía. Fxxxxx Landeta... después miré bien y realmente se leía Matilde Landeta. Soy Fdependiente.
Mi delirio no permitirá nunca jamás que vaya al cine sola. Y junto a mí una butaca vacía, en caso de tu pesudoausencia, porque ahí estarás. En la butaca colindante. Atendiendo a las películas, un recorrido infinito y paralelo, con roces y curvaturas. Siempre.

H

Decimos lo inefable a través de caracteres interpolados.
Me gustaría ser tu protector. Pero no me gustaría serlo.
Me gusta estar cerca, leerte y que me leas. La muerte no está a tu alcance. Y caes como sonido, compases cromáticos, te estrellas en el suelo, como agua, como sangre.
Lees estrellas cuando aprietas los labios.
Trenes, cuando pienso en ti aparece una imagen de un tren, una fotografía, una miniatura en madera, trenes. Eres viaje y explosión, no debes morir.
Si lo haces, ¿quién jugará conmigo al metaplagio?

3:33

Se desmaya la noche antes de llegar
porque unos ojos no quieren
que se apague la ciega luz
de un amor que no puede verse a sí mismo
sin mirar los mañanas moribundos
de una pasión inescrutable.


Y no parece que llegue
el momento de partir,
y no parece que llegue
el momento de llegar
al final de este comienzo
de crepúsculo insomne.

Tres veces tres
deseos de ser sólo dos
átomos perdidos
en su propio encuentro cosmogónico
de tiempo increado

que engendra universos con
bóvedas celestes de permanencia voluntaria:
llenos de ausencias
desgarradas por premoniciones de ayer
y recuerdos de mañana


Tejidas por un arcoíris incoloro
van nuestras distancias distraídas,
pensando en lejanías, sumergidas
en un mar de pentagramas,
cantan con imágenes el sueño
de ser lo que nunca fueron.

Pero antes o después, es decir, ahora
se calla el silencio y aprenden
en encontrar lo que nunca perdieron.