Ser vulnerable y frágil es perder el jueguito, llegar al game over sin oportunidad de obtener vidas extra.
1:58 am
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tan...*
on miércoles, junio 04, 2008
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falling down
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on martes, junio 03, 2008
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El día de hoy alrededor del mediodía me dio por sentirme y comportarme como una whiny whiny filthy dirty drama queen con especialidad en Wicthcraft y Bitchcraft.
Una vocecita muy adentro me repite: Salta Violetta, salta!
De tan sólo pensarlo se me oprime el pecho... quiero cerrar los ojos y tener un artículo de xavier velasco listo para entregar.
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh
salta violetta, salta con una chingada!
La construcción de la vida de una persona es similar a un juego de tetris mal acomodado... no hay bonus ni desaparecen las hileras, los huecos que dejan todos al salir del videojuego son irremplazables. No es un one-size-fits-all, simplemente es la polisemia de lo especial (vid. Crónica de Lunes)
Honey Poney. Me estoy llenando de huecos.
Una vocecita muy adentro me repite: Salta Violetta, salta!
De tan sólo pensarlo se me oprime el pecho... quiero cerrar los ojos y tener un artículo de xavier velasco listo para entregar.
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh
salta violetta, salta con una chingada!
La construcción de la vida de una persona es similar a un juego de tetris mal acomodado... no hay bonus ni desaparecen las hileras, los huecos que dejan todos al salir del videojuego son irremplazables. No es un one-size-fits-all, simplemente es la polisemia de lo especial (vid. Crónica de Lunes)
Honey Poney. Me estoy llenando de huecos.
Pj party
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on sábado, mayo 31, 2008
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Dargelos, Adrián. ¿Alguien alguna vez llevó la cuenta de la cantidad de cosas que bauticé con ese nombre?
Me gusta hacer nada.
Llamarte, que se me ocurran tantas cosas y no hacer nada.
Eso me gusta.
Me gusta hacer nada.
Llamarte, que se me ocurran tantas cosas y no hacer nada.
Eso me gusta.
Glamour
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on lunes, mayo 26, 2008
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Siempre imaginé la voz de Violetta ronca, profunda, intrigante. Una voz radiofónicamente sexosa.
Por otra parte, siempre había escuchado The passenger con Iggy Pop. Lo odio. Me encanta que en el último capítulo de Diablo Guardián Xavier Velasco haga referencia a esta versión de Siouxsie. One hundred percent violettesco.
Glamour, eso es lo que espero de mi vida.
Por otra parte, siempre había escuchado The passenger con Iggy Pop. Lo odio. Me encanta que en el último capítulo de Diablo Guardián Xavier Velasco haga referencia a esta versión de Siouxsie. One hundred percent violettesco.
Glamour, eso es lo que espero de mi vida.
french love
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on sábado, mayo 24, 2008
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Crónica de martes
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on martes, mayo 20, 2008
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T - Ú
Use.less.useless.
Usualmente la lluvia desata mi fiera.
Ulterior. La melancolía aterrizó pasadas las tres.
Única la ironía de la cacofonía.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, uno.
Underneath the whole idea, just lack of non-sense.
Ultimátum. Llama y transfiere(me) tu aroma.
Usted me llena de propuestas indecorosísimas.
Upstairs, guardo tu corazón upstairs.
Unívoco es el sentimiento artificial de tardes gourmet.
Úsame.
currently listening: pogo-digitalism
I <3 him/her/cementeries and crumbles.
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on miércoles, mayo 14, 2008
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mi héroe es la gran bestia pop
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on martes, mayo 13, 2008
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Yo denuncio.
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on miércoles, mayo 07, 2008
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El día de hoy debería de encontrarme sumamente estresada por el comienzo del final (sí, sí, literal) de fin de semestre. Sin embargo, algunos sucesos del día de hoy me han dejado ultrajada.
Siempre supe que cursar segundo semestre con Eugenia Revueltas sería la materia del colchón, ésa donde no hay que opinar ni prestar atención, sólo sacar la caja de crayolas, el ipod, una revista y disfrutar. Sin embargo siempre algún comentario a lo largo de la clase termina por llamar mi atención y ofenderme/ emputarme/ reirme cínicamente: que si hay compañeritos bilingües en el salón, por favor alcen la mano sin vergüenza para que cuando yo levante la mía diga que no hay nadie y continúe con su monólogo, que si las niñas de escuela de monjas tienen la mente cerrada, que si entrar a la facultad de Filosofía y Letras es como un penal comparado con el negocio de la Ibero (porque es comprensible que las fachas de mis compañeritos asusten a la gente), entre otros comentarios desatinados y terriblemente racistas. Es inevitable no enojarme mientras recuerdo todo eso.
A pesar de ello, madame Revueltas me cae bien. La hija de Silvestre, y no de José como erróneamente pensábamos muchos, escupe conocimiento por donde puede, es culta y agradable, sin sentido cronológico pero bah, es Historia de la Cultura, su cátedra es aceptable.
Hoy la sra. Revueltas se sintió mal por la mañana y no llegó a clase. A cambio, su adjunta Chio a.k.a. la orejas-de-cocker-spaniel nos dio la clase. Oh sorpresa. Oh sorpresa desagradable. Cual achichincle, ella es quien califica todos nuestros trabajos, por lo cual le pareció pertinente leer los mejores trabajos para contrastarlos con otros que no son dignos de un estudiante de Hispánicas. Let the show begin. Sin prejuicio, me senté a escucharla, el texto que escogió se titulaba Del arte Pop al arte popular. No conozco a la mina que lo redactó, sin embargo me la imaginaba comprando cd's de Bowie y jugando a ser toda una Fluo Kid letrada, irreverente pero con buenas bases. Repito, el texto empezó bien, una descripción sobre la Alameda y el cómo la mujercita llegaba hasta el Franz Mayer.
Dos palabras reinaron en la descripción del museo: ESNOBISMO INTELECTUAL. Y para la autora, a eso se reduce toooooooodoooooo lo que es posible encontrar ahí dentro. Y seguía "el arte no es para todos...", una postura ESTÚPIDA, sin argumentos coherentes, ofensiva y demás mierdas.
Después de que todos quedáramos más que al tanto que para la señorita X el arte decorativo es frívolo, excluyente y elitista, siguió con su descripción sobre el Zócalo y el museo nómada, contra el cual también despotricó con rabia, atribuyéndole que Bob Dylan no pudiera tocar en la Plaza de la Constitución por semejante armastote. [YO NO APOYO EL MUSEO NÓMADA, PERO EL ARGUMENTO DE MI COMPAÑERITA ES UNA PENDEJADA]
Sin coherencia alguna, la autora cambió de tema radicalmente, lamentándose que en nuestro putrefacto país tercermundista (parafraseo) todo sea dinero y, de nuevo, arte convertido en esnobismo intelectual, una nación que deja a su pueblo en la ignorancia sin poder apreciar el folklor capitalino, pues caminar entre merolicos y puestos con olor a garnacha es bien instructivo.
Encima de todo, la estructura del trabajo era mala: sin congruencia, sin hilo conductor ni buena puntuación.
Cuando la adjunta terminó de leerlo, un sentimiento nefastísimo se apoderó de mi piel: IMPOTENCIA. Alabó y reconoció el valor de mi compañerita por tener carácter para denunciar el cómo son las cosas.
¿Qué debería de causar más revuelo? ¿Con quién enojarme, a quién reclamarle? ¿Cuál es peor, la adjunta, la mocosa o yo? ¿Bajo qué parámetros se califica un trabajo en mi Facultad? Yo denuncio. Yo exijo una explicación del por qué ese trabajo fue considerado uno de los mejores, cuando lo único que hace es quejarse sin proponer, meterle ideas a la gente, atemorizarlos con el arte.
¿Desde cuando el arte atemoriza, discrimina y juega un papel de clase social en vez de mera expresión? ¿Cómo carajos la adjunta puede aprobar esa aberración? ¿Quiénes son mis compañeritos de banca? ¿Estaré acaso conviviendo diariamente con gente cerrada, que prefiere el olor a garnacha que la exposición de textiles de Marimekko?
Nena, te preguntabas por qué el país está así de jodido, ¿no? Te regalo la respuesta (y por favor no me consideres esnob intelectual): por gente como tú.
lazos sanguíneos
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on martes, mayo 06, 2008
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09.05.08
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on martes, abril 29, 2008
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Platónicos
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tan...*
on domingo, abril 27, 2008
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Un point, c'est tout. Et encore une fois.
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on jueves, abril 24, 2008
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Esta historia termina mal. Porque creo nunca comenzó.
Dentro del juego de espejos se barajea la suerte y los caminos se expanden, crean redes vocálicas donde se ahoga el grito más reprimido que haya existido. Sin darte cuenta, tienes frente a ti una mirada oculta por unas gafas gigantescas y altamente fashionistas. Toma entre sus manos las cartas, te da una por una. Las aceptas con un aire incrédulo, no sabes qué es lo que sucede. Sin darte cuenta ya estás lejos, leyendo un artículo sobre termodinámica en la sala, una niña de aproximadamente tres años entra corriendo y te da un globo rojo.
Recuerdas que hace dos semanas pediste volar sobre Paris, pero estás en una locación distinta, el globo te lleva y besas la corona de la Estatua de la Libertad. Bajas la escalinata, en el camino escuchas un clavecín. Pero por supuesto, no tienes ni la más remota idea de cómo debe de sonar un clavecín. El ama de tu destino extiende el guante y se pavonea a tu lado, besa tus labios y en tu mente sólo queda el esbozo de una canción de She wants Revenge.
La sombra púrpura se apiada de tus memorias, te pregunta si sabes volar, si alguna vez lo intentaste. Lo recuerdas bien y le explicas que sí. No quiere tragarse tus palabras y te une a él. Un pretexto de inestabilidad desequilibra la barca, ésa que zurcaba los cielos nocturnos. Sólo hay niebla y tu propia voz repitiendo la misma historia una y otra vez. El viaje ya comenzó Pastel, más te vale tener listo tu miedo de bolsillo.

Currently listening: The sweets- Yeah yeah yeahs.
Crónica de lunes
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on lunes, abril 14, 2008
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Tormenta en el vaso de té.
(de rosas, con dos de azúcar)
¿Acaso existe esa noche donde es posible que tú me creas?
¿Y de la misma manera en la cual yo creo en ti?
Lluvia. O la certeza perdida a causa de la tormenta.
(Ésa que surge en el vaso de té)
La polisemia de lo especial;
donde lo que para mí es positivo,
para ti es negativo. Cuestión de percepción (y de sentimiento)
Si te aparecieras en bifurcaciones paradigmáticas, jugaría a desaparecerte.
Cuando el silencio explica el misterio,
lo que queda es la opresión.
Huye bestia, que la tragedia murió con su propia concepción.
El dolor musical del agolpamiento prendido en la madre
de todas las ausencias. La tuya.
Llámame impostora, bitch.
¿Cómo se anhela algo que nunca se tuvo, mente criminal?
Si querer quemar la melancolía
con un facsimilar robado es la solución,
que así sea.
Regálame el susurro.
La sustitución de amor por unas zapatillas cebradas,
qué barato te vendes corazón.
La constante es una vida fraguada según el vacío.
El arte es pasear un pingüino (Cortesía de Jodorowsky parafraseado por Casar)
Currently listening: Plans - Bloc Party
(de rosas, con dos de azúcar)
¿Acaso existe esa noche donde es posible que tú me creas?
¿Y de la misma manera en la cual yo creo en ti?
Lluvia. O la certeza perdida a causa de la tormenta.
(Ésa que surge en el vaso de té)
La polisemia de lo especial;
donde lo que para mí es positivo,
para ti es negativo. Cuestión de percepción (y de sentimiento)
Si te aparecieras en bifurcaciones paradigmáticas, jugaría a desaparecerte.
Cuando el silencio explica el misterio,
lo que queda es la opresión.
Huye bestia, que la tragedia murió con su propia concepción.
El dolor musical del agolpamiento prendido en la madre
de todas las ausencias. La tuya.
Llámame impostora, bitch.
¿Cómo se anhela algo que nunca se tuvo, mente criminal?
Si querer quemar la melancolía
con un facsimilar robado es la solución,
que así sea.
Regálame el susurro.
La sustitución de amor por unas zapatillas cebradas,
qué barato te vendes corazón.
La constante es una vida fraguada según el vacío.
El arte es pasear un pingüino (Cortesía de Jodorowsky parafraseado por Casar)
Currently listening: Plans - Bloc Party
Epístola pte.3
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on domingo, abril 13, 2008
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¿Cuál es el valor de un silencio?
¿De una lágrima?
¿De un abrazo?
¿De la verdad?
¿De mi verdad?
Epístola pte. 2
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on jueves, abril 03, 2008
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dira que si o que no?,
es miranda mi amor,
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Un cœur, c'est peut-être malpropre. C'est de l'ordre de la table d'anatomie et de l'étal de boucher. Je préfère ton corps.
Epístola
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tan...*
on jueves, marzo 27, 2008
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Estimado:
El día de hoy tomo un poco de mi tiempo para escribirle unas cuantas líneas que sé no leerá, pero uno nunca la sabe, las coincidencias se dan y las palabras vuelan.
Después de la extrovertida conversación de la mañana, usted me dejó pensando en usted. Me siento halagada por serle de confianza. A la vez, estoy orgullosa de esa decisión que tomó. Le reitero, la belleza que podemos darle al mundo no depende de nuestro dolor. Fue sabio de su parte reconocer su incapacidad para solucionar los conflictos que interfieren con su cotidaneidad.
Reciba todo mi apoyo y ese cariño incondicional que se ha ido arraigando a mi médula como un cáncer que me va matando lentamente. Si tan sólo supiera...
Con la ilusión de ser suya algún día (de nuevo)
El día de hoy tomo un poco de mi tiempo para escribirle unas cuantas líneas que sé no leerá, pero uno nunca la sabe, las coincidencias se dan y las palabras vuelan.
Después de la extrovertida conversación de la mañana, usted me dejó pensando en usted. Me siento halagada por serle de confianza. A la vez, estoy orgullosa de esa decisión que tomó. Le reitero, la belleza que podemos darle al mundo no depende de nuestro dolor. Fue sabio de su parte reconocer su incapacidad para solucionar los conflictos que interfieren con su cotidaneidad.
Reciba todo mi apoyo y ese cariño incondicional que se ha ido arraigando a mi médula como un cáncer que me va matando lentamente. Si tan sólo supiera...
Con la ilusión de ser suya algún día (de nuevo)
La señorita P.
CURRENTLY LISTENING: House of cards- Radiohead
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on sábado, marzo 22, 2008
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El gnomo
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tan...*
on martes, marzo 18, 2008
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La semana pasada se apareció un gnomo en mi jardín. Fue una de esas noches de insomnio donde las sábanas parecen estar hechas de papel periódico, la tinta manchando mi piel con historias sensacionalistas y escabrosas. Intenté ver televisión confiado en que los infomerciales arrullarían mi lucidez. Sin embargo, deseché la idea cuando recordé que no había pagado el cable de nuevo. Caminé hasta la cocina, llené un vaso con agua helada del grifo y la bebí en dos tragos. Mala idea. Volví a mi cuarto, justo cuando comenzaba a sentir esa pesadez en los párpados y la comodidad dentro de mi cama, las ganas de orinar escondieron el sueño, obligándome a ir al baño. Me miré en el espejo, mis ojos estaban más que hundidos y la piel amarilla. Decrépito sería la palabra más adecuada para describir mi aspecto esa noche. Sentí lástima por mi situación, el cansancio negado me estaba ablandando. Realmente quería dormir y yo solo me lo impedía. Entré por cuarta vez a mi habitación. Me recosté sobre mi lado derecho, mirando la ventana. Hilos de sudor trazaban la historia del desvelo más infame de mi vida. Abrí las cortinas y ahí estaba: dos esferas amarillas brillantes, titilando al unísono en periodos de tiempo iguales. Me froté los ojos tres veces, pero no logré que esa mirada fija dejara de apuntarme. Me concentré un poco más, alcancé a vislumbrar una silueta pequeña y rechoncha, no podía ser mi perro, él estaba durmiendo en el patio interior, imposible que se hubiera escabullido a la mitad de la noche. Traté de relajarme, quizá y no había nada ahí. “Son los efectos del insomnio, son los efectos del insomnio”: el mantra nocturno para los momentos adecuados. Me acerqué a la cama de mi hermano, traté de despertarlo. Era un gnomo, yo no estaba mintiendo, no me estaba volviendo loco, tenía que verlo él también. Arañazos, gruñidos y algunas groserías fue lo único que recibí por su parte, “los gnomos no existen pendejo, ya déjame dormir”. Pero yo no estaba mintiendo, ahí estaba, corrí hacia la ventana y el gnomo seguía ahí, inmóvil, parpadeando a cada respiración mía. No era un invento, tenía que probarle a mi hermano que sí había un gnomo en nuestro jardín. En medio de la desesperación e impotencia, un recuerdo infantil se hizo presente: las manos de Abue, el olor a menta y los sillones tapizados, esas historias que nos contaba si nos portábamos bien, relatos fantásticos que, una vez que crecimos, desaprobamos. Si Abue me hubiera visto en ese momento, no haría más que reírse. Ella solía decir que si corríamos con la suerte de encontrarnos a un gnomo, lo cual no era frecuente, era esencial atraparlo y ponerlo a nuestra disposición, “siempre tan útiles los méndigos, qué lástima que nunca pude toparme con uno, los quehaceres domésticos hubieran quedado más que resueltos”. Pensé para mis adentros “Abue, este gnomo va para ti, en recompensa a todos los años de servicio doméstico otorgado a tu familia, y como indemnización por la artritis y tu quinta y sexta lumbares dañadas”. Me calcé bien las pantuflas, tomé una linterna, una bolsa de basura y salí al acecho. El jardín era una masa amorfa de oscuridad y hierba, todos dormían. Sólo era perceptible el canto de los grillos y mis pisadas sobre el pasto mojado. Ahí estaba yo, en pijama y con pantuflas, sosteniendo mis artefactos como armas orgullosas de presenciar el combate que, de ser ganado, honraría la memoria de mi abuela. Siempre tan buena mujer, mi abuela. Corrí hacia el gnomo lo más rápido que pude, pero, a pesar de sus piernas cortas, me superaba en habilidad. No se me iba a escapar, no debía de escaparse. Sin darme cuenta, el gnomo estaba detrás de mí, pateando mis tobillos y mordiendo mis pantorrillas. Grité, un gnomo insulso no me ganaría, no era una opción factible. Lo levanté con mi mano izquierda, mientras que con la otra hacía malabares para evitar que la linterna cayera. Mi falta de habilidad junto con mi cansancio hicieron que la linterna se me resbalara de la mano. Quedé en penumbras junto con mi pequeño enemigo, el cual se retorcía y balbuceaba frases incomprensibles. Tomé la bolsa de basura y lo intenté meter, pero en el forcejeo ésta se desgarró y sentí como el gnomo se salía por el agujero. Los ojos se me llenaron de lágrimas, no era posible que después de tanto esfuerzo el patético individuo huyera y me orillara a defraudar el recuerdo de mi abuela muerta. Éste no sería el final de la historia. Me agaché y con el tacto hallé la linterna, acomodé las baterías y me dispuse a continuar con la búsqueda. Recorrí cada metro cuadrado del jardín: el gnomo ya no estaba. Rendido y cansado me recosté junto a los arbustos. El insomnio ya no me importaba, sólo quería encontrar al gnomo. Nada era más trascendental que su captura. Comencé a hacer una lista mental de todas las veces en las cuales me había sentido así de fracasado: el cumpleaños pseudosorpresa de mamá, la graduación de secundaria, el día en el cual fallé una canasta y mi equipo perdió el campeonato de basket… Un movimiento sigiloso entre los matorrales interrumpió mi tren de pensamiento. El gnomo seguía dentro de mi territorio. Era mío, no se fugaría. Me acerqué a gatas al sitio donde lo había visto por última vez y lo metí dentro de la bolsa. Una vez más, había fallado: todo había cruzado por mi mente excepto el hoyo gigantesco que tenía el plástico. Sin embargo, mis reflejos no me abandonaron y alcancé a tomarlo por los pies. Cuando recobré la perspectiva de lo que estaba sucediendo, me vi con dos curiosos zapatitos en las manos. El gnomo había desaparecido. Decepcionado, los até y los lancé al tendedero de la casa. Caminé hasta mi cuarto, estaba amaneciendo. Me envolví en mis cobijas de periódico, vencido una vez más. A nadie engañaba, no podría dormir, no faltaban más de diez minutos para que sonara el despertador y la vida continuara. Me mantuve recostado boca arriba, haciendo recuento de la aventura. ¿Cómo pude desaprovechar tal oportunidad? Cuando mi hermano despertó, lo tomé por la mano y lo llevé al tendedero, tenía pruebas fehacientes que justificarían todo el ruido nocturno. “¿Qué mire qué? Ahí no hay nada, estás enfermo” atinó a decir molesto frente al tendedero. Pero ahí estaban, nada podría contradecir lo que yo estaba viendo: un par de zapatos tamaño gnomo colgando del tendedero, recordándome que las noches de insomnio están reservadas a los perdedores.





